Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Al cabo de unos momentos llegó al claro un pelotón de soldados. Los soldados llevaban consigo tres indios montados a caballo, y otro que iba a pie y era un joven esbelto, alto, tan derecho como un huso y de aspecto orgulloso. Tales cautivos debían ser conducidos junto a los restantes. El sargento McKinney dijo al general Crook que había aprisionado a Matazel y tres de sus compañeros. Los restantes habían logrado huir a pie.—¿Ha habido tiros? —preguntó el general.
—Sí, señor. No pudimos sorprenderlos y entablaron lucha con nosotros.
Tenemos dos hombres heridos, pero no de gravedad.
—Espero que no habrán matado ustedes a ningún indio.
—Que nosotros sepamos, no, señor.
—Diga a Huett que venga.
El explorador y escucha llegó. Era un hombre de alrededor de veintitrés años, de rostro oscuro. En realidad, tenía cierto parecido con Matazel, y era mucho más fuerte y robusto de lo que semejaba a primera vista.
¿Qué informes tiene usted que darme, Huett?
