Una Mujer indomable
Una Mujer indomable —¿Qué más quieres, piel roja —preguntó, sorprendido e irritado el escucha—. PodrÃa haberte matado. Pero no lo hice. Obedecà las órdenes que se me dieron..., aun cuando creo que el único indio bueno es un indio muerto.
—Tú perseguir indios como lobo —dijo amargamente el apache. Sus ojos de águila se encendieron con un fuego interior provocado por la irritación—.
Matazel vivir y saldar cuenta.
Llegó el otoño antes de que Logan Huett fuese licenciado del servicio militar. El escucha se encontró nuevamente en libertad de dirigirse a donde le pareciese conveniente. Y, abandonando aquellos terrenos, con un ligero fardo tras la silla de montar, cruzó el Cibeque y se dirigió hacia las alturas, atravesó la espesa vegetación de manzanita, robles y enebros, y salió a través de la arboleda de cedros y pinos hasta las márgenes del Tonto.