Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra En la luz incierta de la madrugada llovedora, se dirigió hacia mi cebrunito haciendo la armada. El petizo medio dormido no tuvo tiempo para escapar. El lazo se ciñó en lo alto del cogote y don Segundo, sin darse siquiera la pena de «echar a verijas», contuvo a su presa.
-Andá arrimando tu recao.
Cuando volví encontré ya a mi potrillo sujeto a un poste, por tres vueltas de cabestro y enriendado.
Con paciencia don Segundo fue colocando bajeras, bastos y cincha. Cuando tiró del correón, el potrillo quiso debatirse pero era ya tarde. Los cojinillos completaron rápidamente la ensillada.
Asombrado miraba yo el dominio de aquel hombre, que trataba a mi petizo como a un cordero guacho. [106]
Mientras apretaba el cinchón y desataba el cebrunito del poste trayéndolo al medio de la playa, don Segundo me aleccionó: