Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Pronto, un nuevo crepitar de gotas alzó al ras del callejón una sutil polvareda. Parecía
[110] que nuestro camino se hubiese iluminado de un tenue resplandor.
Esa vez me acomodé el «calamaco» preparándome a resistir el chubasco.
La lluvia se precipitó interceptándonos el horizonte, los campos y hasta las cosas más cercanas. Los troperos se distribuyeron a lo largo de la novillada para cerrar demás cerca la marcha.
-¡Agua! -gritó Valerio entreverándose a pechadas entre los brutos.
Por mi parte me entretuve en sentir sobre mi cuerpo el cerrado martilleo de las gotas, preguntándome si el poncho me defendería de ellas. Mi chambergo sonaba hueco y pronto de sus bordes empezaron a formarse goteras. Para que estas no me cayeran en el pescuezo, requinté sobre la frente el ala, bajándola de atrás a fin de que el chorrito se escurriese por la espalda.