Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra -Dejá eso no más -intervino Goyo- y arrimate a tomar unos tragos del chifle que te loh'as ganao. [109]
Con explicable alegría, recibí aquella oferta, que me resultaba el más rico de los premios.
Media hora después, como se agotaran los elogios y las palmadas y la yerba, volvimos a nuestras impasibles actitudes de troperos. Pero yo llevaba dentro un tesoro de satisfacción, que saboreaba a grandes sorbos con el aire joven de la mañana.
Entretanto, los nubarrones amontonados en el horizonte habían recubierto el cielo y, cuando el arreo en marcha volvía a la angostura del callejón, las primeras gotas sonaron de un modo opaco y precipitado.
Como a pesar de la hora temprana sintiéramos calor, fue más bien un goce aquel tamborineo fresco. Algunos empezaron a acomodar sus ponchos; yo esperé.
Mirando al cielo colegimos que aquello era preludio de algo más serio.
La tierra se había puesto a despedir perfumes intensamente. El pasto y los cardos esperaban con pasión segura. El campo entero escuchaba.