Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Llevados por nuestro oficio, habíamos corrido gran parte de la provincia. Ranchos, Matanzas, Pergamino, Rojas, Baradero, Lobos, el Azul, Las Flores, Chascomus, Dolores, el Tuyú, Tapalqué y muchos otros partidos, nos vieron pasar cubiertos de tierra o barro, a la cola de un arreo. Conocíamos las estancias de Roca, Anchorena, Paz, Ocampo, Urquiza, los campos de «La Barrancosa» «Las Víboras», «El Flamenco», «El Tordillo» en que, ocasionalmente, trabajamos, ocupando los intervalos de nuestro oficio.
Una virtud de mi protector me fue revelada en las tranquilas pláticas de fogón. Don Segundo era un admirable contador de cuentos, y su fama de narrador daba nuevos prestigios a su ya admirada figura. Sus relatos introdujeron un cambio radical en mi vida.
Seguía yo de día siendo un paisanito corajudo y levantisco, sin temores ante los riesgos del trabajo, pero la noche se poblaba ya para mí de figuras extrañas y una luz mala, una sombra o un grito, me traían a la imaginación [121] escenas de embrujados por magias negras o magias blancas.
Mi fantasía empezó así a trabajar, animada por una fuerza nueva, y mi pensamiento mezcló una alegría a las vastas meditaciones, nacidas de la pampa.