Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra -¿Y yo hermanito? ¡Si te habré extrañao! ¿Creerás que dende que no te veo no puedo miar?
Con qué gusto encontraba a mi bueno y viejo compañero del primer arreo, cuya alegrÃa dicharachera habÃa dejado en mi memoria la resonancia de un cencerro.
Hasta llegar al palenque, me hizo decir cuanto quiso sobre lo sucedido en mi existencia, desde que no nos habÃamos visto, y comentaba a antojo mis relatos con ingeniosos parangones o burlas simpáticas. Convinimos andar juntos en el baile y comimos codo a codo, en cuclillas, al lado del asador rodeado por unos treinta hombres.
Desde la cocina entreveÃamos el galpón, al que iban llegando como avanzadas de fiesta algunos charrés y gente de a caballo. Adivinábamos risas de mujeres en los carruajes y poco a poco la cocina fue llenándose de paisanos que saludaban, alegres o taimados.
Ya la gente se habÃa amontonado por demás [124] y salimos con Pedro a curiosear lo que sucedÃa en el salón del baile.