Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra [130] poco de asombro, y el estar así, en contacto con los géneros femeniles, el sentir bajo la mano algún corsé de rigidez arcaica o la carne suave y ser uno en movimiento con una moza turbada, no eran motivos para reír.
Sólo los alocados surtían el grito necesario de toda emoción.
Yo me enervaba al lado de Perico, sorprendido como en una iglesia. Peleaban en mí los deseos de sacar a mi mocita de punzó y la vergüenza. Calló un intervalo el acordeón monótono. El bastonero golpeó las manos:
-¡La polca'e la silla!
Un comedido trajo el mueble que, quedó desairado en medio del aposento. El patrón inició la pieza con una chinita de verde, que luego de dar dos vueltas, envanecida, fue sentada en la silla, donde quedó en postura de retrato.
-¡Qué cotorra pa mi jaula! -decía Pedro-; pero yo estaba, como todos, atento a lo que iba a suceder.
-¡Feliciano Gómez!