Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Un paisano grande quería disparar, mientras lo echaban al medio donde quedó como
[131] borrego que ha perdido el rumbo de un golpe.
-Déjenlo que mire pa'l siñuelo -gritaba Pedro.
El mozo hacía lo posible por seguir la jarana, aunque se adivinara en él la turbación del buen hombre tranquilo, nunca puesto en evidencia. Por fin tomó coraje y dio seis trancos que lo enfrentaron a la mocita de verde. Fue mirado insolentemente de pies a cabeza por la moza, que luego dio vuelta con silla, dejándolo a su espalda.
El hombre se dirigió al patrón con reproche:
-También, señor, a una madrinita como ésta no se le acollara mancarrón tan fiero.
-¡Don Fabián Luna!
Un viejo de barba larga y piernas chuecas, se acercó con desenvoltura para sufrir el mismo desaire.
-Cuando no es fiero es viejo -comentó con buen humor. Y soltó una carcajada como para espantar todos los patos de una laguna.