Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra El patrón se fingÃa acobardado.
-Alguno mejor parecido y más mozo pues -aconsejaba don Fabián. [132]
-Eso es; nómbrelo usted.
-Tal vez el reserito...
No oà más y me senté como potro sobre un maneador seguro, pero estaba contra la pared y no pude bandearla para encontrar la noche, en que hubiera deseado perderme.
La atención general me hizo recordar mi audacia de chico pueblero. Con paso firme me acerqué, levanté el chambergo sobre la frente, crucé los brazos y quebré la cadera.
La muchacha pretendió intimidarme con su ya repetida maniobra.
-Cuanti más me mire -le dije- más seguro que me compra.