Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Saqué como cuatro veces a mi niña de punzó y, al compás de las guitarras, empecé a decirle floridas galanterías que aceptaba con gustosos sonrojos.
En los intervalos volvía hacia mi lugar, al lado de Pedro Barrales, que me divertía con sus comentarios.
-Sos sonso -le decía- estás sumido y triste como lechón que se ha dejao quitar la teta.
-No ves que soy loco como vos, para andar pataleando sobre de las baldosas.
-¿Loco?
-¡Si te hirve el agua en la cabeza!
Y como yo me fingiera resentido, tomábame del brazo para consolarme con afectuoso acento:
-No te me enojéh'ermanito. Sos como la cañada'e la Cruz; tenés tus retazos malos y tus retazos güenos.
-Válganme los güenos -concluía yo, volviendo a mi fandango. [135]