Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Esta vez fui entendido y tuve el premio de mi desfachatez cuando salí con mi morochita dando vueltas, no sé si al compás.
A medianoche vinieron bandejas con refrescos para las señoras. También se sirvió licor y algunas sangrías. Alfajores, bollos, tortas fritas y empanadas, fueron traídas en canastas de mimbre claro. Y las que querían cenar algún plato de carne asada, salían hacia la carpa.
Los hombres por su lado se acercaban al despacho de los frascos, que hoy habíamos contemplado con Pedro, y allí hacían gasto de ginebra, anís Carabanchel y caña de durazno o guindado.
Desde ese momento se estableció una corriente de idas y vueltas entre las carpas y el salón, animado por un renuevo de alegría.
El acordeonista fue reemplazado por otro más vivaracho, bajo cuyos dedos las polcas y
[134] las mazurcas saltaban entre escalas, trinos y firuletes.
Ya las bromas se daban a voz alta y las muchachas reían olvidando su exagerada tiesura.