Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra -Antes que me castigués -dijo don Segundo, fingiendo susto para seguirla broma- soy capaz de contarte hasta la virgüelas.
Las miradas iban del rostro de Pedro, [145] mosqueado de cicatrices, a la expresión impávida de don Segundo, pasando asà de una expresión jocosa a una admirativa.
Y yo admiraba más que nadie la habilidad de mi padrino que, siempre, antes de empezar un relato, sabÃa maniobrar de modo que la atención se concentrara en su persona.
-Cuento no sé nenguno -empezó- pero sé de algunos casos que han sucedido y, si prestan atención, voy a relatarles la historia de un paisanito enamorao y de las diferencias que tuvo con un hijo'el diablo.
-¡Cuente, pues! -interrumpió un impaciente.
«-Dice el caso que a orillas del Paraná, donde hay más remanses que cuevas en una vizcachera, trabajaba un paisanito llamao Dolores.