Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra »No era un hombre ni grande ni juerte, pero sí era corajudo, lo que vale más.»
Don Segundo miró a su auditorio, como para asegurar con una imposición aquel axioma.
Las miradas esperaron asintiendo.
»-A más de corajudo, este mozo era medio aficionao a las polleras, de suerte que al caer la tarde, cuando dejaba su trabajo, solía [146] arrimarse a un lugar del río ande las muchachas venían a bañarse. Esto podía haberle costao una rebenqueada, pero él sabía esconderse de modo que naides maliciara de su picardía.
»Una tarde, como iba en dirición a un sombra e toro, que era su guarida, vido llegar una moza de linda y fresca que parecía una madrugada. Sintió que el corazón le corcoviaba en el pecho como zorro entrampao y la dejó pasar pa seguirla.»
-A un pantano cayó un ciego creyendo subir a un cerro -observó Perico.
-Conocí un pialador que de apurao se enredaba en la presilla -comentó don Segundo- y el mozo de mi cuento tal vez juera e la familia.