Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra -¿Picadura?
-¡Ahá!... Una mecha pa'l yesquero, un pañuelo d'esos negros y aquella fajita que está sobre del atao de bombachas.
Nos sorprendió como un porrazo una voz autoritaria:
-¡Dese preso, amigo!
En la puerta se erguía la desgarbada figura de un policía, cuyas mangas subrayaban los escasos galones de cabo. [177]
Haciéndose el desentendido, don Segundo abrió los ojos para buscar en derredor al hombre en causa. Pero no había más que nosotros.
-¡A usté le digo!
-¿A mí, señor?
-Sí, a usté.
-Güeno -replicó mi padrino, sin apurarse-, espéreme un momento que cuantito el patrón me despache vi a atenderlo.