Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Más de un hombre ha salido del campo con su tropilla o su majada... y, hasta yo mesmo, aunque trabajando juerte es cierto, he conseguido asegurar mi tranquilidá pa mi vejez y mis cachorros. Don Juan es generoso en la ocasión. Sabe abrir la mano grandota y es fácil que se le refalen unos patacones.
-Vea Don -contesté sobre el pucho- no es que yo quiera desmerecer a nadie, ni que inore lo que vale una voluntá, pero ¿ve aquel hombre? -dije, señalando a don Segundo que [332]
venÃa del corral, trayendo despacio su chiripá, familiar para mÃ, su chambergo chicuelo y unos maneadores enrollados-. Güeno, ese hombre también tiene la mano larga... y, Dios me perdone, más larga cuando ha sacao el cuchillo...; pero igual que su patrón, sabe abrirla muy grande y lo que en ella se puede hallar no son patacones, señor, pero cosas de la vida.
El domador se levantó, me palmeó la espalda y se fue, de pronto enmudecido. Yo me quedé muy blandito.
Y ¿qué diablos me habÃa venido a mà de golpe, para que quisieran que me quedara y me palmearan el lomo y me anduvieran con miramientos? [333]