Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Como un arroyo que se encuentra con un remanso, daba vueltas y me sentía profundo, lleno de una pesada quietud.
Me cansé de hablar y de removerme el alma. Callé un rato largo.
Mi compañero se había dormido. Mejor. Ahí estaba la noche, de quien me sentía imagen.
Morirme un rato...
Hasta que la raya de luz de la aurora, viniera a tajearme a lo largo los párpados. [385]
La laguna hacía en la orilla unos flequitos cribados. Por la parte media, en unos juncales ralos, gritaban los pájaros salvajes.
Una fatiga grande pesaba en mi cuerpo y en mis pensamientos, como un hastío de seguir siempre en el mundo sembrando hechos inútiles.