Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Advertida por mis pasos, se dio vuelta de pronto y habiéndome reconocido, rió con todo el brillo de sus dientes de morena y de sus ojos anchos.
Yo nunca había tenido miedo sino delante de mujeres grandes, por temor a las burlas de quienes estaban acostumbradas a juguetes más serios, pero esa vez me sentí preso de una exaltación incómoda.
Para vencerme, pregunté imperativamente:
-¿Cómo te llamás?
-Me llamo Aurora.
Su alegría y la malicia de sus ojos disiparon mi timidez.
-¿Y no tenés miedo que te muerda algún tigre, andando ansí solita por el maizal?
-Aquí no hay tigres.
Su sonrisa se hizo más maliciosa. Su pequeño busto se irguió con orgullo y provocación.