Juan Moreira
Juan Moreira Moreira no desensillaba jamás; cubrÃa la montura con un gran poncho de goma, que llevaba bajo el cojinillo, cuando llovÃa, contentándose con aflojar la cincha, que no ajustaba nunca, sino en situaciones supremas.
En las pulperÃas era siempre bien recibido si lo conocÃan, por ese espÃritu de compañerismo de que siempre hace gasto el paisano, si era desconocido, porque su aspecto y varonil belleza cautivaban desde el primer momento.
HacÃa siempre pequeñas jornadas de diez o veinte cuadras y siempre al tranco para conservar su caballo, ya para un momento crÃtico, ya para correr una carrera de interés en las diversas pulperÃas a que llegaba, carreras que ganaba siempre, pues su caballo era sobresaliente.
Aquel animal habÃa sido regalado a Moreira por el malogrado doctor Alsina en una situación que conocerá más adelante el lector.
Nunca hacÃa noche en las pulperÃas, de las que se retiraba a la hora de cerrar, y evitaba siempre acercarse a poblado, adonde iba sólo por una imperiosa necesidad.
Entre las muchas aventuras que tuvo en esta vida de vagancia se cuenta la siguiente: Moreira habÃa llegado a la pulperÃa de un tal López, en momentos que cuatro o cinco paisanos jugaban a la taba.