Juan Moreira
Juan Moreira Ató su caballo al palenque, y después de saludar a los jugadores, colocó al Cacique sobre la montura y se acercó a mirar la jugada.
Algunos de los paisanos que conocían a Juan Moreira se pusieron a conversar con él y le obsequiaron con una sangría, sin interrumpir el juego, siendo un tal González protegido por la suerte.
Pocos minutos hacía que conversaban los paisanos, cuando el Cacique dejó sentir un gruñido que parecía un rezongo.
Moreira se levantó y se dirigió al caballo con presteza, indagando con su vista de águila la causa de aquel aviso del Cacique.
Sobre el camino, y a larga distancia aún, se vieron varios bultos, noticia que sembró la alarma entre los paisanos, suponiendo que pudiera ser una partida.
Los bultos fueron acercándose poco a poco hasta que se pudo distinguir que aquel grupo lo formaba un paisano que venía arreando unas vacas.
Los paisanos volvieron tranquilamente a su juego, y Moreira se separó del caballo y, pidiendo otra sangría, se acercó de nuevo a mirar la jugada.
Apenas habían transcurrido cinco minutos, cuando llegó a la pulpería un paisano, rodeó un momento los animales que traía, desmontó y se acercó al despacho, donde pidió un refresco de caña con limonada.