Juan Moreira
Juan Moreira Era este un paisano alto y delgado; su apero era muy sencillo, y atravesada a su espalda se veÃa una daga de un largo descomunal. Era un resero, según dijo, que se dirigÃa a Navarro.
El notable largo de la daga provocó la mayor hilaridad entre los jugadores, inspirándoles los dichos más chuscos e incisivos.
—¿Peleará sola? —preguntó uno guiñando el ojo; a lo que otro contestó:
—No, es el asador que trae en traje de daga.
El resero estaba lÃvido de coraje, pero no habÃa contestado una palabra. Los jugadores eran muchos y la lucha muy desigual.
Pagó su refresco, miró de una manera feroz a los paisanos, se dirigió a su caballo y se alejó al trotecito, en medio de las bromas que entonces se multiplicaron, siempre sobre el tema de la larguÃsima daga que tanto les llamara la atención.
El paisano se detuvo a unos veinte pasos de la pulperÃa, sacó su daga de la cintura y la clavó en el suelo, gritando a los jugadores:
—Vayan viniendo de a uno, maulas, que este dÃa quiero carnear chanchos. ¿Qué hacen que no copan esta banca? Como los paisanos no hicieran caso de la provocación, el resero se desató en todo género de injurias y de amenazas.