Juan Moreira
Juan Moreira Entonces, el individuo González abandonó el juego y se dirigió a donde estaba el paisano, pretendiendo arrancar de la tierra la larga daga.
El paisano sacó entonces del tirador un revólver y lo abocó sobre González, quien vio su causa perdida por la desigualdad de las armas y retrocedió a la pulpería cuerpeando hábilmente a los balazos que le disparó el paisano.
Al ver el gaucho que González huía, se acercó a los otros jugadores, a quienes empezó a insultar y provocar de todas maneras.
—¡Manga de sinvergüenzas! —les gritó, agitando el revólver—; asco me da bajarme y darles una vuelta de azotes.
Los paisanos callaban, sin duda por respeto a Moreira, que miraba la escena pálido y apoyado sobre su caballo.
—Supongo —preguntó tranquilamente— que eso no rezará conmigo, amigazo.
—Con usted y hasta con su abuela —replicó el paisano—; yo no soy amigo de ningún maula.
—Está bueno, amigo —replicó Moreira—, ya le ha dado usted gusto a la lengua. Ahora puede retirarse en paz, que usted no es justicia y ha venido solo.