Juan Moreira
Juan Moreira Tal vez el señor Casanova hubiera puesto coto más tarde a los desmanes de Moreira, pero era tal el dominio que sobre la partida de plaza ejercÃa el paisano desde que fuera su sargento, que ésta temblaba ante la sola idea de tener que ir a prenderlo.
Las elecciones se aproximaban y los partidos, armados hasta los dientes, se preparaban a disputarse el triunfo de todas maneras, por la razón o la fuerza, lema desgraciado que se ostenta aún en el escudo de una nación que se permite contarse entre las civilizadas.
HabÃa en aquella época, y afiliado al partido contrario de aquel en que militaba Moreira, un caudillo de prestigio y de grandes mentas por aquellos pagos.
Leguizamón, que asà se llamaba el caudillo, era un gaucho de averÃa, valiente hasta la exageración y que arrastraba mucha paisanada.
Este era el elemento que iban a colocar enfrente a Moreira para disputarle el triunfo, a cuyo efecto habÃan enconado al gaucho picándole el amor propio con comparaciones desfavorables.
Leguizamón, que era un paisano alto y delgado, muy nervioso y de una constitución poderosa, contarÃa entonces unos cuarenta y cinco años.
Era un hombre de larga foja de servicios en las pulperÃas, donde habÃa conquistado la terrible reputación que tenÃa.