Juan Moreira
Juan Moreira El choque de estos dos hombres debÃa ser fabuloso.
Leguizamón estaba reputado de más hábil peleador que Moreira, pero éste debÃa compensar aquella inferioridad con la sangre frÃa asombrosa de que diera tantas pruebas.
Moreira era ágil como un tigre y bravo como un león; la pujanza de su brazo era proverbial y su empuje ineludible.
Pero Leguizamón tenÃa una vista de lince, su facón era un relámpago y su cuerpo una vara de mimbre, que quedaba a su antojo.
Todo esto habÃan dicho a Moreira, pero al escucharlo el paisano habÃa sonreÃdo con suprema altanerÃa y contestado resueltamente:
—Allá veremos.
A Leguizamón le habÃan relatado las hazañas de Moreira, y el gaucho habÃa fruncido el ceño diciendo:
—Ese maula no sirve ni para darme trabajo. En cuanto se ponga delante de mÃ, lo voy a ensartar en el alfajor como quien ensarta en el asador un costillar de carnero flaco.