Juan Moreira
Juan Moreira Por fin Moreira estuvo a dos varas del enfurecido gaucho, y éste, que sólo esperaba aquel momento, lo acometió resuelto por el lado de montar, tomando la rienda del caballo.
Moreira se deslizó, tranquilo siempre, pero rápido, por el lado del lazo, sacó de la cintura su terrible daga, y se preparó al combate.
Las acometidas de Leguizamón eran tan violentas, sus golpes eran tan recios, que Moreira tenÃa que acudir a los recursos de la vista y a toda la elasticidad de sus músculos para evitar que el paisano lo atravesara en una de las tantas puñaladas o lo abriera con aquellos hachazos tirados con una fuerza de brazo imponderable.
Durante cuatro o cinco minutos Moreira estuvo concretado exclusivamente a la defensa, siéndole imposible llevar el ataque.
Con la pupila dilatada por el asombro, trémulos y silenciosos, los numerosos paisanos miraban las gradaciones de aquel combate sin atreverse a respirar siquiera.
La partida de plaza habÃa sido avisada de lo que sucedÃa, pero no se habÃa resuelto a moverse de la puerta del juzgado: tenÃa decididamente miedo de provocar a Moreira.
Leguizamón, entretanto, cansado de tanto tirar, quiso reposar un momento y dio un salto hacia atrás.