Juan Moreira
Juan Moreira Entonces Moreira tomó la ofensiva con tal brío, con tal pujanza, que eran pocos los dos brazos del adversario para parar aquella especie de huracán de puñaladas y hachazos.
Cuando Leguizamón tenía la ofensiva, Moreira no había hecho un solo paso atrás, no había perdido una línea del terreno que pisaba.
En cambio, cuando él atacó, Leguizamón empezó a retroceder, primero paso a paso, y después a saltos, único recurso para evitar ciertas puñaladas mortales.
Así combatieron las tres cuadras que mediaban entre el almacén de Olazo y la plaza principal, sin haberse inferido otra herida que un ligero rasguño recibido por Moreira en el brazo izquierdo al parar un hachazo.
Retrocediendo uno y avanzando el otro, los dos combatientes llegaron hasta la iglesia, seguidos de todos los paisanos que había en la pulpería al principio de la lucha, aumentados con los que fueron llegando a medida que iban sabiendo lo que sucedía.
La partida de plaza estaba en la puerta del juzgado, a dos pasos de la iglesia, con el caballo de la rienda, pero no se atrevía a intervenir.