Juan Moreira
Juan Moreira El sargento dio las riendas de su caballo a uno de los soldados, se dirigió al sitio indicado y recogió la daga, que entregó a Moreira humildemente y sin permitirse la menor palabra.
Moreira tomó su daga, que guardó en la cintura después de limpiar en la crin del caballo la sangre de que estaba cubierta la hoja, y picando con las espuelas los flancos del magnífico animal, se alejó al tranco, dejando absortos a los testigos de aquella sangrienta sátira.
No hacemos novela, narramos los hechos que pueden atestiguar el señor Correa Morales, el señor Marañón, el señor Casanova, juez de paz entonces, y otras muchas personas que conocen todos estos hechos.
Y hacemos esta salvedad, porque hay tales sucesos en la vida de Juan Moreira, que dejan atrás a cualquier novela o narración fantástica, escrita con el solo objeto de entretener el espíritu del lector.
Ya hemos dicho que Moreira fue un tipo tan novelesco que, ciñiéndose estrictamente a la verdad de los acontecimientos, éstos dejan atrás a Luigi Vampa, a Gasparone y al mismo Diego Corrientes, tipos formidables embellecidos por la novela, pero que se han echado de barriga ante la primer partida de policía que se les ha puesto delante de las numerosas partidas que capitaneaban.