Juan Moreira

Juan Moreira

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Entonces Moreira buscaba dos palitos y se entretenía en hacer unos tiritos para ver cómo andaba la muñeca.

De esta manera se había hecho tan consumado tirador de facón, que los otros paisanos aseguraban que en sus manos el cuchillo era una luz.

Dominado por el alcohol, se despertaban también sus instintos de jinete, y si llegaba a ver un redomón o caballo nuevo, lo pedía para jetearlo un poquito, y lo jeteaba tan famosamente que lo volvía completamente dominado.

Por más ebrio que estuviese en estas situaciones, no hubo ejemplo de que caballo alguno, por bravo que fuese, lograra basuriarlo.

Moreira se había hecho también un consumado tirador de pistola.

Manejando aquellas dos que le regalara su compadre Giménez, y que cuidaba con gran esmero, él rompía cuanta botella le colocaran a cuarenta pasos de distancia.

Era un adversario terrible, que tenía completamente dominados a todos los paisanos del pago que frecuentaba.

Moreira solía tener sus horas de melancolía profunda.

Pensaba en su mujer y su hijo y solía pasarse encerrado varios días en una pieza, donde se le sentía llorar.


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