Juan Moreira
Juan Moreira El joven sacó su revólver e interrogó con el ademán a aquellos hombres que se le presentaban de una manera tan agresiva.
—Venimos a matarte —dijo uno de ellos avanzando un paso—, y es en vano toda resistencia, porque ya tu hora ha llegado.
Marañón armó su revólver y dio vuelta rápidamente para examinar el camino que tenÃa a la espalda y asegurar su retirada, pero su valor hubo de decaer por completo al ver a su espalda un bulto que avanzaba con suma precaución, y reconociendo en aquel bulto, gracias a la claridad de la luna, al terrible Juan Moreira que trataba de ocultarse entre la sombra de las cicutas y en cuya diestra se veÃa brillar la daga.
Si Marañón habÃa tenido confianza en la lucha con los cinco asesinos, esta confianza se disipó por completo a la vista del enemigo que le ganaba la espalda, enemigo que en verdad era irresistible.
Vacilaba aún el joven a cuál de los dos puntos debÃa atender primero, cuando Moreira saltó sobre él como una pantera, lo tomó por la cintura y lo derribó al suelo con una fuerza asombrosa.
Desde allà y medio aturdido por el golpe, Marañón pudo ver cómo Moreira acometÃa a los asesinos con asombrosa rapidez, tendiendo a uno de ellos con el vientre completamente abierto por su daga poderosa.