Juan Moreira
Juan Moreira —¡RÃndanse a Juan Moreira, maulas! —gritó aquel hombre extraordinario, acometiendo a los cuatro que quedaban; pero éstos, al conocer el nombre del enemigo que tenÃan encima, echaron a disparar, dominados por invencible espanto, en distintas direcciones.
Moreira, al ver huir a aquellos hombres con tan extraordinaria ligereza, prorrumpió en una ruidosa y franca carcajada, acercándose a Marañón que se habÃa levantado ya y quedaba de pie embargado por el asombro.
—¿Cómo ha venido aquà a tan buen tiempo? —preguntó Marañón tendiendo la mano al noble gaucho.
—Supe que lo iban a asesinar esos maulas —respondió Moreira riendo y estrechando con efusión la mano que se le tendÃa—, y yo también me escondà para darle una manita y para que la cosa no fuese tan despareja.
En seguida, y con la mayor naturalidad, se acercó al caÃdo, se cercioró de que estaba muerto, y dirigiéndose a Marañón, le dijo:
—Ahora vamos, que lo voy a acompañar hasta su casa, aunque esos maulas no son hombres de volver y han de andar todavÃa disparando, creyendo que yo los persigo.
Y se dirigió a su caballo que, con el perro sobre el apero, habÃa dejado emboscado a corta distancia.