Juan Moreira
Juan Moreira Expuesto a ser preso cada minuto, tenÃa que andar vagando sin descanso, siempre dispuesto al combate, que cada dÃa serÃa más duro, porque las partidas de plaza lo acometerÃan cada vez con más saña, y cada vez mejor reforzadas y armadas, para asegurar su deseado triunfo.
Si alguna vez podÃa entregarse al sueño, sueño agitado, que no bastaba a descansar su cuerpo rendido, lo hacÃa gracias a la vigilancia de su leal Cacique, y asimismo tenÃa que dormir como una fiera: lejos de poblado, en medio del campo y a la siesta, hora en que no se ve un solo jinete, un solo animal que no esté entregado al reposo.
La noche la pasaba viajando o tendido sobre su manta, esperando que su caballo comiese con toda tranquilidad y descansara de las fatigas de la jornada.
Era, pues, una existencia miserable que el paisano llevaba con conformidad, por aquellos dos seres queridos que no se borraban jamás de su pensamiento, siempre vuelto a ellos.