Juan Moreira
Juan Moreira Vencido por estos pensamientos y por las fatigas de las últimas marchas, Moreira dijo al paisano que querÃa reposar un momento, pues sabÃa Dios cuándo podrÃa hacerlo con tanta seguridad.
Entre Marta y Santiago hicieron al viejo amigo una cama blanda con bastantes cueros de carnero para que pudiera dormir con buen provecho.
Moreira medio desensilló el overo bayo, cuyo maneador ató al cuello del Cacique, dio de comer a los dos animales y se tendió sobre la mullida cama, dando el cortés «buenas noches».
Pocos minutos después, se entregaba al sueño tan profundamente, que parecÃa imposible que aquel hombre anduviese huyendo de todas las justicias de paz.
—¡Parece increÃble! —dijo Santiago a su mujer después de contemplar un momento a Moreira—. Parece increÃble que este hombre pueda dormir con tanta tranquilidad, cuando de un momento a otro pueden dar con su guarida y hacerlo dormir para toda la vida.
El hábito de aquella vida errante habÃa creado en Moreira una segunda naturaleza.