Juan Moreira
Juan Moreira La jarana se armaba entonces en toda regla: al rancho empezaban a caer los amigos de los alrededores, el cimarrón circulaba de boca en boca, alternando con un traguito de ginebra, y el baile seguÃa a la décima y al triste, baile alegre e inocente que duraba hasta las doce de la noche o la una de la madrugada.
En estas correrÃas y jaranas Moreira conoció a Vicenta, joven paisanita cuya hermosura era proverbial en el pago, y entonces el rancho de Vicenta fue el preferido por Moreira para sus noches de baile y alegrÃa.
Generalmente querido por su extremada bondad y mansedumbre, en los bailes que improvisaba Moreira no habÃa el menor disgusto, pues a la par que se le querÃa, se le respetaba, y ninguno hubiese querido granjearse su enemistad.
Este género de bailes pasa siempre en el mayor orden, porque a ellos concurre sólo la buena gente trabajadora y alguno que otro forastero que es invitado a desensillar, porque la hospitalidad para el gaucho es una especie de religión que practica con placer.
Los gauchos alzados y vagos no concurren nunca a este género de bailes, porque siempre andan huyendo de los centros de población, frecuentados por la autoridad.
Su teatro es la pulperÃa, donde se apea de noche y de donde sale de dÃa a vagar hasta la vecina, con el ojo siempre avizor y la daga al alcance de su mano.