Juan Moreira
Juan Moreira En cambio, Santiago y Marta no pudieron dormir en toda la noche, figurándose a cada momento que venÃan a aprehender a Moreira, pero la noche pasó sin que el menor ruido llegase a turbar el sueño de Moreira ni a poner en alarma al Cacique.
Muy de mañanita se levantó todo el mundo diciendo a Moreira que debÃa ser prudente y retirarse del partido, pues cuando el señor González decÃa una cosa, la hacÃa.
—Es que no siempre ha de tener palabra de rey —habÃa respondido Moreira—, y alguna vez ha de ser la primera en que no pueda hacer lo que diga.
Santiago, muy agitado, salió a tomar lenguas de lo que se decÃa en el pueblo y volvió al poco rato atestiguando todo lo que habÃa dicho la noche anterior el paisano, añadiendo que en el centro habÃa gran agitación y que don Nicolás González no esperaba más que la incorporación de la gente de Navarro, para mandar la partida en busca de Moreira, con orden de prenderlo vivo o muerto, en cualquier paraje donde se le hallase.
—Pues mientras más gente haya, mejor —replicó tercamente el gaucho—; ya verán cómo pruebo a esos maulas que yo no soy pasto de la justicia.
Y se dirigió al overo bayo, echá una doble ración de pasto seco, como para conservarlo en buen estado para el momento de la pelea inevitable.