Juan Moreira
Juan Moreira —Si sabes que Moreira se ha ido —replicó el capitán—, tú debes saber qué dirección lleva, y es preciso que vengas conmigo para que me lo indiques. ¡Vamos!
—Es inútil —dijo riendo el paisano—; la distancia que lleva Moreira es mucha, va bien montado y usted no lo va a poder alcanzar por más que galope.
Algunos de los que estaban en la plaza habÃan conocido también a Moreira en el interlocutor del capitán y estaban trémulos y azorados del valor y la audacia de aquel hombre que, sin más armas que una daga y sus trabucos de bronce, provocaba al combate a una partida de plaza reforzada, bien mandada y que tenÃa la orden de prenderlo o matarlo donde lo hallara.
—Tú sabes dónde está Moreira —replicó el capitán, que iba perdiendo la paciencia, pues creÃa que el gaucho aquel habÃa venido allà con el solo objeto de hacerle perder un tiempo precioso que el otro aprovecharÃa poniéndose en salvo—. Tú sabes dónde está —repitió—, y vas a decÃrmelo en el acto, porque si no te prendo a ti y te dejo de cabeza en el cepo por tapadera.
—Está bueno —repuso Moreira—; para que usted no me tome por tapadera de nadie, le diré que Juan Moreira soy yo y que he venido para pelearlos y para probarles que son unas maulas.