Juan Moreira
Juan Moreira —Yo no quiero que se vaya para no volver más —me dijo Andrea secándose las lágrimas—; mi casa es suya y puede venir cuando guste.
«En seguida nos pusimos a tomar mate y la pobre me contó por completo la narración que le he hecho. Ya la tarde empezaba a caer y traté de ponerme en camino, porque habÃa cumplido lo que usted me encargó y querÃa pegar la vuelta pronto, pues usted aquà no habÃa quedado muy seguro».
Cuando Julián terminó la narración, Moreira se incorporó, tomó la mano de aquel leal amigo y la estrechó con una profunda emoción.
—Gracias, amigo —le dijo—, muchas gracias; nunca olvidaré lo que usted ha hecho por mÃ. No le digo que puede contar conmigo, porque ya usted me conoce.
—No tiene nada que agradecer, compañero —replicó Julián sonriente—; he hecho lo que he podido en su servicio y estoy dispuesto a hacer más todavÃa.
En seguida los cuatro empezaron a filosofar amargamente sobre la vida, entre trago y trago del mate que les servÃa la buena Marta.
Entonces Julián se impuso de la última hazaña que habÃa llevado a cabo Moreira, reprobándola agriamente, porque aquello era tentar la suerte proporcionando a las policÃas la ocasión de malherirlo o darle un tiro traidor que le quitara la vida sin saber quién se lo dio.