Juan Moreira
Juan Moreira Aquellas dos manos nerviosas y fuertes se chocaron al estrecharse, produciendo un ruido seco, y en aquel apretón de manos pasó un destello de espíritu de aquellos dos hombres que estaban unidos por los vínculos de la amistad más abnegada.
Moreira, para ocultar su emoción, revolvió su poderoso corcel, y cerrándole las espuelas se perdió como un relámpago entre las sombras de la noche.
Julián quedó inmóvil al lado del palenque, mirando el punto por donde había desaparecido Moreira.
Cuando el rumor del galope se hubo confundido entre los ruidos de la naturaleza, el paisano dio vuelta en la dirección al rancho, y llevó la mano a la cara.
Enjugaba silencioso un par de lágrimas que surcaban sus pómulos agudos.
—¡Que mi Dios no lo abandone! —murmuró, y se tendió bajo el alero del rancho.
Pocos momentos después estaba entregado al sueño más profundo.