Juan Moreira
Juan Moreira El frecuente trato con los oficiales del ejército que pasaban por allà para dirigirse a JunÃn, al fuerte General Paz o a la Blanca Grande, y con los vivanderos que iban a comprarles por una bicoca los cueros y la pluma de avestruz, habÃa civilizado mucho a aquellos indios, que miraban ya como la cosa más natural del mundo el que gente cristiana estuviese semanas y aun meses alojada en los toldos y haciendo con ellos vida completamente común.
Los indios solÃan embriagarse, principalmente a la vuelta de las boleadas, en que abunda la ginebra y aguardiente; y es entonces cuando, a la inversa de nuestras ciudades, los toldos están en la mayor tranquilidad, y esto consiste en que el indio bebe hasta caer, y caÃdo, se le ve acercar el medio frasco de ginebra a los labios, hasta que el brazo cae como cuerpo postrado e inutilizado por el alcohol; el indio es entonces un cadáver en toda la acepción de la palabra.
¡Cuántos hermosos casos de alcoholismo podrÃa observar allà el espÃritu estudioso del doctor Meléndez! El indio bebe y, como decimos, bebe hasta caer; cuando despierta de la acción alcohólica, es para beber de nuevo, mientras quede en la botella un átomo de ginebra.