Juan Moreira
Juan Moreira Simón lo mandó llamar y le propuso darle por el caballo aperado todos los sueldos que le trajera el comisario y sus raciones en pie (7 yeguas) que le correspondÃan por aquel trimestre; pero Moreira, haciéndose el infeliz, dijo que preferÃa jugarlos para hacerle una tanteada a la suerte.
¡Con qué ansiedad era esperado entonces el comisario pagador, que era el MesÃas de nuestras fronteras! ¡Cuántos hombres no salieron al camino! Coliqueo miraba ya el caballo y el apero como cosas suyas, pidiéndolo prestado para darle unas rienditas, pero Moreira no quiso consentir en ello.
Por fin llegó el tan deseado comisario entregando a los indios que para ellos traÃa, dinero que era contado y recontado unas cien veces por lo menos.
Esa misma noche se armó la jugada en todos los toldos, concurriendo más gente al de Coliqueo, atraÃda por la curiosidad de ver si el cacique ganaba al gaucho.
Coliqueo quiso sobre tablas hacer la gran jugada, pero el paisano le puso sus peros, alegando que primero querÃa jugar chico para hacer la mano.
Como Moreira tenÃa la baraja, juego en que habÃa adquirido gran práctica, los indios no podÃan percibir las innumerables trampas que les hacÃa el paisano, con una limpieza digna del más hábil prestidigitador, merced a las que iba haciendo pasar a su poder todo el dinero de indios.