Juan Moreira
Juan Moreira Moreira, estaba despierto y habÃa escuchado cuanto se habló en la pulperÃa, se habÃa enrollado en la mano la lonja del rebenque, dispuesto a usar sólo esa arma.
Miró, pues, al gaucho que asà se atrevÃa a turbar su reposo, y bostezó perezosamente, como si no hubiera escuchado lo que le habÃa dicho.
—¡Que se pare, don! —repitió el Pato sacando la daga y rayando la punta sobre la espalda de Moreira, que continuaba echado de barriga—. Le he dicho que se pare para hacerle pagar el piso, porque el hombre que la echa de guapo ha de ser para pararse dondequiera y con quien lo invite.
—Perdone, don —respondió Moreira socarronamente—; usted está con don Pepe y no sabe lo que dice; cuando se le pase, hablaremos.
—El que está con don Pepe y en pepe es usted, so maula, y ahora mismo le voy a abrir un ojal en la jeta para que aprenda a ser mejor hablado —dijo el famoso Pato picaso atropellando a Moreira con la daga baja y en actitud de herir.
Moreira estuvo en pie con increÃble velocidad, paró la puñalada que le tiró el Pato y lo sentó en el suelo de un golpe con el rebenque.