Juan Moreira
Juan Moreira Cuando se levantó al venir el dÃa y entró a la pulperÃa, supo recién que el Pato picaso habÃa dejado de existir.
Ninguno de los paisanos se atrevió a hacerle el menor reproche.
Se acercó al cadáver, que examinó con una mirada inteligente, y salió de la pulperÃa tristemente diciendo:
—¡Está de Dios que no puedo luchar con mi sino! Fue hasta su caballo, cuya montura compuso con suma prolijidad, y montó, alejándose al trotecito, tomando rumbo para el partido de Matanzas.