Juan Moreira
Juan Moreira Para él ya todos los rumbos eran lo mismo; en todas partes habÃa partidas y su destino era pelear con ellas hasta que lo mataran.
Cuando Moreira se hubo perdido de vista, el pulpero, queriendo quedar bien con la justicia, se acercó a Navarro y le dijo demostrando el mayor interés:
—Puede darse por bien servido, amigo, que este bandido no lo haya degollado, pues tiene más entrañas que un dorado y no se para en una puñalada más o menos.
—El que diga que ese hombre es un bandido —repuso Navarro, incorporándose con firmeza en el catre—, es un puerco a quien le he de sacar los ojos a azotes; —y volvió a caer postrado por la debilidad que le ocasionara la pérdida de sangre.