Juan Moreira
Juan Moreira El gaucho se habÃa emboscado, ocultando también su caballo, para que la gente de la galera no tuviese desconfianza alguna, y esperaba con la paciencia del zorro.
SerÃan como las doce del dÃa cuando en las revueltas del camino apareció la galera, arrancando a Moreira un grito de júbilo.
Tanto el pulpero como algunos paisanos que estaban allà refrescando, temblaban de espanto al pensar lo que iba a suceder, no atreviéndose ninguno de ellos a disuadirlo.
En la galera venÃan el mayoral y seis peones, trayendo ocho pasajeros, perfectamente armados, entre los que se contaba el referido compadre, que traÃa un «rémington».
Cuando la galera iba a pasar por la pulperÃa, sin detenerse, temiendo que a ella pudiera llegar Moreira, éste saltó al camino y dio la voz de alto y a tierra.
—Pero, amigo Moreira —dijo el mayoral endulzando la voz todo lo que le fue posible—, déjenos seguir viaje, que llevamos el tiempo contado para alcanzar el tren.
—Alto, he dicho —replicó el soberbio gaucho, cruzándose de brazos delante de la galera—; yo tengo que revisar ese coche antes que siga viaje.