Juan Moreira
Juan Moreira —Esto es de vicio, amigo —añadió humildemente el mayoral—; adentro no viene ningún enemigo suyo y usted nos va hacer perder el tren, que no sabe dar espera.
Moreira no contestó una sola palabra, pero sacó de su cintura uno de sus enormes trabucos y apuntó al mayoral: la galera se detuvo como por un resorte.
Los pasajeros, armados como estaban, podÃan haberse defendido por las ventanillas, tal vez matando al paisano, pero la proximidad de Moreira los habÃa aterrorizado, desarrollándose en el interior de aquel vehÃculo una escena conmovedora.
La voz de Moreira habÃa sido reconocida por tres de los pasajeros, produciendo en cada uno de ellos una impresión diversa pero igualmente profunda.
El compadre abandonó su «rémington» y se echó de barriga en el fondo de la galera, diciendo a los compañeros de viaje:
—Por Dios, amigos, ese hombre me busca y si me ve me va a degollar, échenme encima los ponchos y tengan piedad de mÃ. ¡Traten de que ese hombre no me vea, porque a la fija me mata!