Juan Moreira
Juan Moreira Moreira se enderezó de nuevo, buscó con su pistola la sien izquierda del jinete adversario, y el tiro salió, destrozándole completamente la cabeza.
Era el cuarto cadáver de la acción.
El soldado cayó del caballo como una maza.
HabÃa muerto instantáneamente.
Moreira miró el camino por donde se veÃan como puntos negros los soldados que huÃan.
Blandió su arma amenazante en esa dirección y volvió riendas a la pulperÃa, diciendo:
—¡Ya nos volveremos a ver los bigotes, pedazos de maula! Moreira corrÃa con el vértigo de la carrera, el overo saltaba los pozos del camino, salvando los escollos, y, semejante al jinete, el Cacique iba como adherido a las ancas.
Asà pasó como una tempestad por delante de la pulperÃa y siguió su desesperada carrera por espacio de dos leguas, interrogando el horizonte con inteligente mirada.
¿Qué buscaba Moreira en el espacio, que asà hundÃa en él su mirada? ¿Cuál era el fin de aquella carrera que iba postrando las fuerzas del overo? El paisano buscaba un punto que le revelase la posibilidad de alcanzar la galera, pero la lucha habÃa sido larga y aquélla habÃa tenido tiempo de hacer una larga marcha.