Juan Moreira
Juan Moreira Moreira habÃa guardado sus trabucos y sacado una de las pistolas que le regalara su compadre Giménez, y la llevaba en la diestra.
Y asà disparaba con la vertiginosa rapidez de su overo bayo, no sabiendo a cuál de sus enemigos elegir, pues todos huÃan en completo desparramo.
Por fin el gaucho se fijó en uno de los jinetes que más apuraba la marcha para salvar el bulto, cerró las espuelas al overo y partió en su dirección.
Tres o cuatro minutos después el paisano estaba sólo a dos cuerpos del caballo del soldado, que volvió la cara e hizo fuego con la carabina.
El tiro no dio en el blanco, y en aquel movimiento el soldado perdió la mitad de la distancia que ya no debÃa volver a recobrar.
Sacó el sable con ademán desesperado y se dispuso a vender cara la vida, pero tarde, ¡demasiado tarde! Moreira se le habÃa puesto a la par por el lado de montar, echando sobre el pobre mancarrón patrio todo el peso irresistible del overo, que lo cubrió de espuma.
El soldado dio vuelta y miró a Moreira, lÃvido por el terror, pues adivinaba la intención de aquel hombre; enarboló el sable y amagó un hachazo que el gaucho esquivó echando el cuerpo hacia las ancas del overo, y fue aquél el primero y último hachazo que tiró ese infeliz que tuvo la desgracia de ser alcanzado.