Juan Moreira
Juan Moreira Los soldados, rehechos, volvieron al ataque y dispararon de nuevo al acaso sus carabinas, sin otro resultado que provocar la risa del gaucho, que ni siquiera se cubrÃa tras el corral donde estaba atado el caballo, pues la práctica le habÃa enseñado que las carabinas en manos de aquella gente eran armas inútiles.
Dejó, pues, que se aproximaran todo lo posible, y cuando los tuvo a tiro seguro, tendió de nuevo los brazos y el trueno de sus trabucos volvió a sonar poderoso, yendo a morir, repetido por el eco, allá en el último monte y saltó sobre el caballo.
El espanto se apoderó por completo de aquellos soldados, que echaron a disparar completamente desmoralizados, dejando en el campo tres muertos.
Moreira cerró las espuelas sobre los flancos del overo y se lanzó ávido en persecución de los que habÃan turbado su venganza, haciéndole escapar su presa. Era la primera vez que después de vencer a una partida, perseguÃa sus restos, enconado y deseoso de destruirla soldado por soldado.
Es que el gaucho estaba furioso; la aparición de aquella partida, cuando menos la esperaba, lo habÃa encolerizado y querÃa desahogar sus iras matando, exterminando todo aquello que se le pusiera por delante y tuviese olor a justicia de paz o partida de plaza, que eran sus enemigos a muerte.