Juan Moreira
Juan Moreira Moreira quedó completamente desesperado. QuerÃa seguir la galera, donde indudablemente se salvaba el objeto de su venganza, pero tenÃa también que atender a la partida, que se le venÃa encima preparando las carabinas de fulminante con que se la habÃa armado.
El paisano renunció con una maldición a la persecución de la galera y atendió a su defensa, echando rápidamente la rienda al cuello del overo.
En ese momento los soldados hicieron tres o cuatro disparos de carabina, pero tan inseguros que el mejor tiro pasó a diez varas de distancia.
Ya hemos hecho presente que nuestra caballerÃa de guardia nacional no sabe tirar, hasta el punto de disparar las carabinas al acaso, apoyándolas en las paletas del caballo.
Moreira extendió los brazos y el doble disparo de sus trabucos sonó poderoso, llevando el espanto y la muerte a las filas de sus adversarios.
Los caballos se asustaron y corrieron en varias direcciones, teniendo los soldados que hacer serios esfuerzos para contenerlos y volver al ataque.
Entretanto, con la rapidez que le era caracterÃstica, Moreira habÃa vuelto a cargar los trabucos y esperaba tranquilo y sonriente la nueva acometida.