Juan Moreira
Juan Moreira —¡Ya no lo veré más! —decÃa llorando amargamente—; ¡ya no lo veré más, pero he de vengarme a lo indio, sin perdonar a uno solo de los que me han hecho mal! Asà llorando unas veces, maldiciendo otras, dormitando a intervalos y prevenido siempre a cualquier evento, estuvo echado en la manta hasta la caÃda de la tarde.
A aquella hora llegó a la pulperÃa otra galera, que iba de paso para Lobos a tomar el tren del dÃa siguiente.
En esa galera venÃan también varios pasajeros armados hasta los dientes, en previsión de que Moreira les fuese a salir al camino, pues ya se decÃa con esa exageración de los pequeños pueblos, que el paisano detenÃa las galeras y saqueaba a los pasajeros, pudiéndose contar por feliz el que escapaba con vida.
Cuando Moreira divisó la diligencia, cinchó tranquilamente su caballo y revisó las armas, preparándose por completo a hacer frente a toda situación.
En esta actitud poco tranquilizadora esperó que se acercara la galera, y cuando ésta estuvo a pocas varas, se puso en medio del camino diciéndole al mayoral:
—Amigo, media vuelta y vuélvase, porque hoy no pasa nadie para Lobos; ya han pasado por desgracia más de los que debÃan, y por hoy se acabó.