Juan Moreira
Juan Moreira —Pero, amigo Moreira —repuso el mayoral—, aquà va gente buena que quiere tomar el tren de mañana, porque tiene que hacer en Buenos Aires.
—¡Alto y vuélvase, amigo mayoral! —insistió Moreira—. Ya le he dicho una vez que por aquà no se pasa hoy, porque asà me ha dado la gana este dÃa. ¡Pronto y con buen modo! Uno de los pasajeros, que conocÃa al gaucho y sabÃa que era accesible a la palabra bondadosa, asomó la cabeza por una de las ventanillas de la galera y le dijo:
—Deje pasar, amigo Moreira; tenemos mucho que hacer en el pueblo y la demora de este viaje podrÃa traernos serios perjuicios en nuestros negocios.
Moreira endulzó su ademán al oÃr aquella palabra suave, se hizo a un lado del camino y sin quitar la vista de aquel hombre, dijo:
—Está bien, patrón, yo no soy justicia para tener palabra de rey, y aunque habÃa jurado que no pasarÃa nadie, fue porque no conté que hay palabras que llegan al corazón.
Y la galera siguió viaje y el paisano quedó allà cruzado de brazos hasta que el vehÃculo se perdió por completo.